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MUSAC, León, 15 de mayo de 2010. "Foro de la edición, Publicaciones de pensamiento y crítica del Arte Contemporáneo". Textos de los partcipantes:

 

Crtítica, espacios y posiciones.

MARTI MANEN – A*DESK

La escritura de crítica de arte siempre ha supuesto un salto al vacío por parte de quien escribe. Escribir, mostrar opinión, analizar y cuestionar obligan a un posicionamiento individual frente a lo presentado. Un lanzarse a mostrar una aproximación subjetiva en un contexto donde, habitualmente, se evita comentar lo ofrecido. Sigue siendo muy difícil encontrar foros donde se hable de contenidos, donde se amplien las posibilidades, donde se generen nuevas lecturas y aproximaciones desde una voluntad constructiva. Seguramente se trata de un sistema de defensa; defensa del propio contexto (la crítica se ve aún como un campo donde se muestran flaquezas y, por lo que parece, en arte siempre tiene que ser todo perfecto) y defensa individual (opinar públicamente significa buscarse enemigos, así que mejor dejarlo para esas conversaciones informales entre la risa y el cotilleo, jugando con las cartas de las situaciones informales de poder). 

La crítica escrita tenía su doble espacio en los periódicos (más cercana al periodismo) y en las revistas especializadas (más cercana a la teoría). Un doble espacio suficientemente legitimado, donde la persona que escribía crítica tenía una estructura (fría, inhumana, máquina) detrás que le permitía no estar absolutamente sola. Qué pasa cuando llega la red? nos encontramos con la posibilidad de la aparición de infinitas plataformas, de espacios y tiempos que no necesitan de un capital importante para lanzarse hacia la crítica y la opinión. Espacios basados en la singularidad de quien escribe y que parten de otro modo de entender las relaciones, las posiciones y el tiempo. Existe entonces la posibilidad de otra crítica, de una crítica "bruta", directa, que no espera el tiempo de edición pero que, al mismo tiempo, queda para siempre a la disposición del lector. Una crítica compartible y opinable, abierta al diálogo. Una crítica que pide, también, conocimiento, posicionamiento y capacidad, que necesita justificarse por si misma por motivo de que los sistemas tradicionales de legitimación ya no están aquí.

Los tiempos de la crítica cambian, las vías de difusión también. ¿Y qué pasa entonces? nada, no pasa nada. Frente a la posibilidad, el mundo del arte va quedándose en una situación similar a la que estaba. Igual que con la prensa, serán las instituciones quien decidan "quedarse" con la red, creando sus propios espacios para los comentarios, creando sus programas para la escritura, creando sus estrategias para que todo siga dentro del mismo guión. En algunas ocasiones, desde el marco institucional se ha intentado redefinir las propias estructuras, buscando un análisis crítico que llevara a dar un salto hacia adelante. En otras ocasiones la voluntad ha sido otra: que no se escapara lo que se tenía, que todo siguiera bajo los mismos parámetros.

De todos modos, existen espacios y tiempos posibles para la crítica, formas desde las que replantear los contenidos, pensar en otras comunicaciones, difundir otros contenidos, generar otras lecturas otras visiones. Es casi un acto de irresponsabilidad olvidar que, todas estas otras lecturas y acercamientos terminan siendo algo constructivo para el contexto del arte. Con más opiniones y crítica más capacidad de análisis, con más observadores críticos más necesidad de definir mejor los proyectos previamente. La crítica forma parte de lo que significa el arte. Sin la posibilidad crítica (o para la crítica) nos acercamos peligrosamente a un espectáculo anodino.

 

LO QUE QUEDA DE LA CRÍTICA / LO QUE LE QUEDA A LA CRÍTICA

Brumaria

Como la voz que clama en el desierto, la crítica —el pensamiento crítico, la producción teórica, la escritura de carácter reflexivo—, en nuestro ámbito artístico y cultural, se ha convertido en un ejercicio solitario —a veces onanista— que parece no encontrar un público a quien dirigirse y mucho menos interlocutores con quienes discutir. El ridículo número de comentarios que aparecen en las diversas plataformas formato blog podría ser un fiel reflejo de esa descorazonadora realidad.  

Quizás ello se deba a los procesos de democratización —léase banalización— de la cultura que, como perversos mecanismos de domesticación y desactivación del pensamiento, han adulterado el establecimiento de una cultura democrática —horizontal, libre, disensual—. Todos somos conscientes de que cualquiera puede hablar, pero también de que ya nadie escucha, de que la llama no prende. De ahí, la insoportable sensación de soledad, de calma pactada, de abulia intelectual. En un panorama político y mediático —términos ya equivalentes— fundado sobre el consenso —desde el silencio y la pervivencia de lo peor—, continuamos necesitado pensar desde el disenso, desde la heterodoxia intelectual, con la máxima humildad y dejando definitivamente a un lado las ingenuas pretensiones de reactivar lo que nunca estuvo activo.

Efectivamente, hoy todo es periodismo cultural, opinión infundada sobre lo que no tiene interés: ya no hay crítica de arte —si es que alguna vez la hubo— y nada ni nadie parece haber ocupado el lugar que a ella —a la crítica— le correspondía. Frente al clientelismo paralizante —ese continuo negociado con la miseria—, sólo la universidad podría —o debería— llegar a convertirse en una agencia independiente de producción de pensamiento crítico. Por desgracia, la retirada estrategia de quienes podrían haber llevado adelante un proyecto “fuerte” —a la contra de los escasos relatos (hagiografías, más bien) al uso y al margen de las instituciones que apadrinan un antagonismo impostado—, el inmovilismo endémico de la academia y la negativa de algunos brillantes teóricos a pensar desde —o para o sobre— su contexto han mermado considerablemente las posibilidades de la universidad, convertida hoy en un organismo afectado por una metástasis generalizada en el que unas pocas células luchan por evitar el colapso.

Ante este desalentador panorama, lo único que nos queda sigue siendo rasgar el telón que, como una losa, oculta los juegos de poder que desactivan el pensamiento. Tratar de coordinar una inexistente masa crítica que continúe arañando el mapa del silencio.

 

Tres grandes retos para el análisis y la crítica cultural


José Luis Brea. Estudios Visuales.

De todos los factores que determinan una radical transformación de las condiciones en que puede ejercerse la crítica cultural en nuestro tiempo, Estudios Visuales persigue enfrentar fundamentalmente tres.

El primero, lo que para el espacio y la práctica de la crítica puede conllevar la transformación tecnológica de los dispositivos de gestión, producción y distribución del conocimiento: tanto el de las prácticas productoras de simbolicidad –por la mediación de relatos o formaciones de imaginario- como el de los propios discursos de saber acerca de ellas. El reto aquí es implicarse en el designio epocal que hace que la producción de conocimiento se disponga en el espacio de los usos de una tecnología -que, guste o no, determina la configuración contemporánea de las formas de saber- pero sin rebajar por ello la exigencia de rigor epistémico y crítico para el trabajo del análisis. Al extremo opuesto, el desafío es explorar en qué medida tal determinación tecnológica –de producción cognitivo discursiva- puede obrar todavía a favor de un proyecto mantenido de desmantelamiento sistemático de la arquitectura tradicional –la heredada del programa de la metafísica occidental- de las formaciones de representación.

Segundo:  la transformación geopolítica del mundo contemporáneo y la creciente dinamización de los flujos de personas y producciones simbólicas, en lo que propicia un estado cada vez más fértil de entrecruces y choques productivos –por supuesto no exentos de una dimensión conflictual- entre las distintas “culturas” y modos de comprender el mundo propios de las diversas comunidades y formaciones de sujección colectivas (no sólo articuladas por las más tradicionales diferencias de etnia, nacionalidad, género o creencias religiosas, sino también por una constelación de diferencias de orden “micro”, marcadas ahora por las elecciones activas de cada cual en los procesos de identificación y autoconstrucción personal). Diría que de ese entrecruzamiento febril que forja el marco de la contemporánea condición multicultural se sigue para las capacidades de ejercicio de la crítica y el análisis cultural un doble efecto: de un lado, la exigencia de revisar la herencia de la teoría crítica a la luz del reconocimiento de un estadio poscolonial para las formaciones de saber, en el que las premisas básicas de una cierta concepción del “hombre” –como fundamento de un proyecto crítico- han de ser ahora enmarcadas en sus dependencias e intereses, poniendo su tutelaje y dominancia en la persectiva de su pertenencia intraparadigmática -como mitologema propio- al dominio de una tradición cultural bien específica, la de la modernidad europea. A partir de ello, el desafío es el de simultáneamente respetar la consideración en igualdad de cada una de las distintas formaciones culturales –en la dispersión fertilizada de sus divergencias y entrecruces- y, a la vez, mantener la vocación de “superar” el puro relativismo del “todo vale” en ese orden de complejidad. El gran reto para los estudios críticos es, así, estipular unos protocolos procedimentales que, en su arquitectura estructural, posibiliten escapar al “relativismo cultural” sin recaer en la herencia de lo que podríamos llamar un cierto “colonialismo epistemológico”.

Y finalmente, tercero, la toma en cuenta de la “retroimplicación” de prácticas culturales y la “nueva economía” característica del capitalismo cognitivo avanzado. Si por un lado las producciones culturales gustan de presentarse como escenarios de resistencia a las formas de la economía, por otro se hace cada vez más necesario poner en evidencia que la forma por excelencia de mercantización característica de nuestra época es precisamente la que concierne a las formaciones de imaginario, en tanto constitutivas del armazón de que los sujetos se sirven en su autoconstrucción –o en los procesos de identificación mediante los que se integran en unos u otros colectivos o comunidades de reconocimiento. De tal modo que la apariencia de ejercer “resistencia” a la economía es para ellas, en gran medida y en la mayoría de los casos, una coartada requerida, si no la condición misma que adopta la forma-mercancía en su especificidad epocal propia, en lo que ella se prefigura y despliega en el dominio de las economías de la experiencia –rendidas a la institución de identidad. El reto aquí es proveer un utillaje –conceptual, epistemológico- y unas estrategias de distanciamiento crítico que no sólo permitan acotar y desarbolar la implicación de superficie entre economía tradicional (de objeto: mercados del arte, el espectáculo o el entretenimiento) y producción simbólica, sino también la de la más compleja y sutil forma de implicación que la declaración de criticidad o resistencia por parte de las prácticas encubre, en el contexto de una nueva economía (de sujeto ahora) de las subjetividades, como es la contemporánea.

En su especificidad propia, Estudios Visuales busca centrar esta interrogación –este conjunto de interrogaciones-, sobre las nuevas condiciones de ejercicio del análisis cultural, en un escenario orientado a los problemas relacionados con la cultura visual, la prácticas artísticas y de representación contemporáneas, buscando analizar, desentrañar y desocultar el conjunto de estrategias, intereses de hegemonía y dominación, y las dependencias de todo orden -técnicas, políticas, ideológicas, económicas …- bajo las que tales prácticas simbólicas y generadoras de imaginario se producen e instituyen.

 

mus-A

mus-A es la revista de Museología y el coleccionismo editada por la Dirección General de Museos y Promoción del Arte de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Y como tal nace en 2002 vinculada a una administración pública con la tarea de convertirse en un instrumento de difusión de las instituciones museísticas andaluzas.

Su situación dentro de la Administración, nos ha llevado a comprender que una publicación de estas características debe plantear cada número con el obvio compromiso de rigurosidad, ofreciendo análisis y temas al servivio de la sociedad. Cumpliendo de este modo uno de los objetivos de la consejería que la edita, el de acercar los museos y las colleciones al público andaluz y por extensión a cualquier usuario que quiera acercarse al mundo de la museología.

Otro de los objetivos marcados que contempla mus-A como publicación institucional de la Junta de Andalucía es el de establecer las vías de contacto entre Andalucía y el resto del mundo: dar a conocer nuestra comunidad autónoma y abrir ventanas a las tendencias europeas y mundiales, así como a los eventosd e referencia que tienen lugar más allá de nuestras fronteras.

El estar vinculado a una institución pública, implica, como para cualquier otra publicación, mantener siempre un alto nivel de rigurosidad, y para ello contamos con una buena red de profesionales de la museología vinculados a la institución: los conservadores y técnicos de los museos y conjuntos arqueológicos. Esta es una de las facilidades que nos proponía estarr vinculados a una institución, el poder contar con el asesoramiento de expertos en prácticamente todos los temas que abordemos.

Las dependencias que se pueden dar al estar dentro de una institución pública, por supuesto existen, y el consejo editorial, del que forma parte la diirección política de la consejería, puede en un momento determinado centrar su atención o destacar ámbitos concretos, en coherencia con la política cultural que pone en práctica. Por poner un ejemplo, el número especial que le dedicamos al arte emergente, de no ser porque constituía una línea de acción política expresa de la consejería seguramente no hubiéramos afrontado. En este sentido, existe un cierto paralelismo con los medios de comunicación generalistas, en los que la inserción de publicidad determina en muchas ocasiones la linea editorial.

No obstante, también hay que ver la otra cara de la moneda. Si bien es cierto que tenemos que ser conscientes de nuestra naturaleza institucional y lo que ello significa, el hecho de que nuestra financiación se vincule a un criterio político de difusión y acceso a la cultura nos libera de muchísimas servidumbres que impone depender de la publicidad y los compradores.

En este escenario, sí queremos dejar claro que, en el marco de nuestra línea editorial, mus-A siempre se ha movido por criterios técnicos y nunca hemos recibido imposición alguna.

En la actualidad el dilema que se plantea, como de cualquier otra publicación, es la del futuro de su versión digital, aún sin resolver; y aunque todos los números se cuelgan en la web, entendemos que hay que dar un paso más allá en favgor del formato digital y hacia él vamso.

Mientras tanto, la propia evolución de los contenidos de mus-A nos ha llevado a complementar el análisis de los artículos textuales con una reflexión visual relacionada con el tema del dossier central y ofrecer así al lector un punto de vista añadido y convertir cada número en pequeños catálogos que merecen la pena conservarse.

 

:: salonKritik :: por una política editorial para la crítica cultural online

«La dislocation, où les phrases s'écartent et se dispersent, ou bien se bousculent et coexistent, et les lettres, la typographie se met à danser, à mesure que la croisade délire. Voilà des modèles d'écriture nomade et rhizomatique. L'écriture épouse une machine de guerre et des lignes de fuite, elle abandonne les strates, les segmentarités, la sédentarité…»

Resulta difícil leer esta frase y no pensar que cuando fue escrita no existía algo parecido a la web. Sorprende constatar que ese trabajo que Deleuze y Guattari hicieron a cuatro manos –sin ellos saberlo ni sospecharlo- trazaba de manera anticipada un mapa hiperlúcido de las posibilidades que tienen hoy la producción y distribución del pensamiento crítico.

Nuestro momento actual es uno de urgencia y catástrofe: de transformaciones profundas y constantes que afectan la estabilidad del mundo, pero también la del sujeto. Mientras que todas las estructuras y sus saberes institucionalizados apuntan a la inmovilidad y al “quietismo” lo cierto es que nada ni al exterior del mundo que nos rodea, ni al interior de nuestro universo afectivo parece sostenerse de manera muy sólida.

Es en ese contexto inestable en el que la crítica tiene lugar: el de suscitar el ejercicio reflexivo. La cuestión de la crítica remite en primera instancia a la del lugar que ocupa, desde donde se ejerce. Surge de inmediato el concepto de margen. Porque ¿cómo podemos evaluar una idea, una postura, una sociedad si se está completamente inmerso e inmovilizado dentro de ellas? Sólo el margen, por su condición de distancia y alejamiento y sobretodo por su carácter móvil y desplazable puede brindar ese espacio.

La lectura del contexto, el ejercicio de la reflexión, el modelo de escritura rizomática y su distribución por medio de líneas de fuga, ofrece entonces las posibilidades de crear pequeñas máquinas con las que trabajar de manera flexible y a distintas potencias el pensamiento crítico, es decir nos ofrece entonces la posibilidad de “hacer una política” cifrada en el ejercicio reflexivo y autodesmantelador. La negociación de esa “gestión política” tiene como objetivo la creación de un espacio que a su vez se encuentre con otros y haga constelación.

Confiamos y apostamos por la proliferación de estas intervenciones y la creación de plataformas-dispositivo desde los márgenes que supone una revista de crítica a la producción simbólica puesta en la inmensidad de la red. Pues pensamos que estas plataformas son como espejos, que partiendo de un deseo común encuentran su razón de ser, que es la de crear y multiplicar vínculos culturales a su vez reflejantes y generadores de pensamiento y de una esfera pública.

Salonkritik es una revista de crítica artística y cultural, que poco a poco se ha ido construyendo a partir de la premisa de una política editorial fundada en la experiencia y la experimentación del ejercicio reflexivo, a partir de un ideal que busca conciliar la exigencia del análisis cultural y la teoría crítica con el reto que para su desarrollo supone el estar y ejercerse online.

Con ese ejercerse online como base de su política, persigue suscitar y hacer productivos la crítica y el análisis de las diferentes disciplinas que, asociadas, conforman la cultura. Para ello la revista explora nuevos territorios en el trazado de líneas  transversales entre los distintos géneros, habitando y procurando hacer fértiles los espacios intersticiales, la fisura, la frontera, el margen mismo en que la diversidad de los modos de la creación cultural contemporánea se despliega en la actualidad, de manera que a las tradicionales separaciones rígidas, forzadas, seccionadas, busca oponerles un modelo de contaminaciones recíprocas y diálogos encontrados.

Así el espíritu crítico puede actuar de manera enlazada y transformarse en un dispositivo de desmantelación para ser usado. Que obliga a cambiar de perspectiva pero también de ritmos y velocidades, porque al tomar distancia, paradójicamente, se vuelve rápido y lento a la vez. Lento, ya que para pensar se requiere de la emancipación de la dinámicas de los relojes, trabajar menos, pensar más, hablar menos, escuchar más, leer. Se necesita un tiempo dilatado o en suspenso, de alguna manera sustraído al sistema de producción, al juego de las pérdidas y los beneficios.

Sabemos hasta qué punto pedirle ese tiempo a una época que se reafirma en escatimarlo es una empresa utópica, que nos remite a la idea urgencia del principio, y esta urgencia, nos hace afirmar que adoptar una política para el pensamiento crítico es también hacerse mucho más rápido y capaz de anticipar la necesidad de abrir un espacio y un tiempo que potencien el ejercicio reflexivo de la escritura y sus agenciamientos, pero también el hallazgo de las grietas, y en esos intersticios servir de espejo que refleja y sirve de máquina al servicio de la desmantelación de la ya irrefrenable producción simbólica en la que cada día vive y muere nuestra civilización.

 

Zehar:

La Revista Zehar, es una publicación del Centro de Arte Contemporáneo Arteleku, que depende de la Diputación Foral de Gipuzkoa. Zehar, en su comienzo en el año 1989, se creó como boletín de noticias de Arteleku. Como todo boletín, recogía los eventos ya realizados en el centro y también incorporaba una agenda con los eventos que se iban a llevar a cabo en las siguientes semanas. Respondía a la necesidad que en ese momento tenía Arteleku: informar y ser un archivo de lo ocurrido. El soporte en esos años no podía ser otro que el papel, a falta todavía de una web que a partir del año 1999 relevaría en esta función.

Zehar, como revista, fue publicada por primera vez en 1995 bajo la dirección de Miren Eraso. A partir de este momento, a la publicación, se le fueron confiriendo funciones diferentes a las anteriores. Entre otras, la de dar continuidad a las discusiones en torno a la práctica artística y a los procesos artísticos que se llevan a cabo físicamente en Arteleku. De este modo, se quiere dar un paso más, que lo escrito tenga una valor añadido, que no se quede en el papel, sino que sea la interacción entre lo experimentado in situ y lo escrito.

Este es el carácter que se ha querido mantener en la publicación que ha llegado hasta hoy en día. Pero en este momento, se intenta además que la revista impresa tenga un continuum, que genere más contenido por sí misma. Más experiencia, más datos, que se borre las barreras entre lo que pasa en el centro y lo que se crea a partir de ahí. Para ello, hemos aplicado  herramientas de los nuevos media: blogs, la posibilidad de comentar los artículos escritos. Pero estos no implican a las personas como se quisiera. ¿Deberían las instituciones plantear estrategias de comunicación específicas para la difusión de la crítica del arte?

 

 

UNA A-RES-PRO-PUESTA COMÚN - A* Desk, Brumaria, SalonKritik

Durante el transcurso del I Foro de Edición organizado por el MUSAC pudimos constatar la urgencia de establecer un punto de partida desde el cual comenzar a construir un campo crítico ampliado —un campo intelectual de las artes, y sus disciplinas asociadas— que, de alguna manera, pueda realmente contribuir a hacer productivos y sólidos los distintos debates que surgen en los complejos mecanismos de la creación artística y suscitar la producción de un pensamiento crítico en torno a ella.

Es importante agradecer a esta institución su iniciativa de abrir un primer espacio a este debate y reflexión, pues parte de su responsabilidad, de ellas en tanto instituciones, es hacer posible que los espacios independientes existan y se fortalezcan.

Durante nuestro encuentro descubrimos lo que ya sabíamos: que el intento de llevar a cabo esta tarea de generar esa masa crítica conlleva un sinfín de inconvenientes a los que parece pertinente enfrentarse desde la máxima heterogeneidad, asumiendo los diferentes intereses y posicionamientos discursivos, pero con un impulso común.

El encuentro del MUSAC sirvió para localizar y replantear algunos de esos problemas que, lejos de cualquier victimismo, pueden ayudarnos a fijar un horizonte de trabajo compartido: la precariedad económica de toda aquella iniciativa —editorial, en este caso— que pretenda combatir —o resistirse a— la deriva banal —espectacularizada, vulgarizada, superficial y autocomplaciente— del mundo de la cultura; la exigencia de una independencia —económica, ideológica— mal entendida, que aparece en el horizonte como un falso objetivo, inalcanzable en su totalidad, asequible sólo en un grado que varía en función de factores coyunturales—; esto sumado al inmovilismo de la academia, reaccionaria, inoperante, incapaz de asumir su función como agencia crítica —ella sí— independiente y de establecer un diálogo con otras agencias; las relaciones con las instituciones, ávidas por instrumentalizar cualquier iniciativa que pueda proporcionarle una cuota de “contrahegemonía” legitimadora; y, quizás lo más preocupante, la falta de interlocutores válidos e implicados con los que entablar un debate serio y riguroso y el silencio de un “público” que se integre en —y que no sólo asista a— dicho debate.

En ese sentido y con respecto a este último punto, el encuentro nos hace ser moderadamente optimistas. Somos testigos de la aparición —o la supervivencia más o menos precaria— de algunas plataformas, la articulación de nuevos espacios y proyectos disensuales, la emergencia de un gran número de lectores-escritores, nos hace creer en la posibilidad de construir —¿desde arriba, desde abajo?— un campo de trabajo potenciado y enlazado que fuerce una ruptura y un permanente ejercicio crítico con respecto a las actuales dinámicas culturales.