La aporía revolucionaria

Written by admin enero 2nd, 2013

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Marc Richir

La exposición que sigue no tiene otro objetivo que proponer un esquema global de interpretación filosófica de lo que nos parece ser, por decirlo así, la aporía socio-histórica de nuestro tiempo. Este esquema se basa en la distinción y articulación de tres conceptos que retomamos de E. Nolte, y que definiremos rápidamente de la siguiente manera. En la sociedad histórica moderna o en lo socio-histórico que nos es familiar, hay que distinguir y articular:

 

  •  La transcendencia teórica que, por principio, es una transcendencia inaccesible si no es por medio de la teoría, es decir, de la visión pura “desencarnada” o desinteresada. Transcendencia tan radical que, desde el momento en que es vista por el ojo humano, se le aparece como si tuviera contenidos, a los cuales se ha dado en llamar, desde Platón: las ideas. La visión de las ideas confiere al hombre el conocimiento o el saber, así como la virtud y la felicidad (pensemos, por ejemplo, en el hedonismo griego que sigue siendo una tendencia profunda de toda actividad filosófica), pero no es un horizonte para la práctica social: la contemplación es, ciertamente, un lugar para esta práctica pero, estrictamente hablando, sólo le concierne a la vida “espiritual” propia de cada ser humano en su destino privado, más acá o más allá de la vida social propiamente dicha. La transcendencia teórica es clásica o tradicionalmente el “lugar” de la metafísica.
  •  La transcendencia práctica que es, así, el “objeto” de la “teoría” o visión “pura”, pero también es, al mismo tiempo, el horizonte de toda práctica social: en este sentido, es la sociedad ideal o lo imaginario de la sociedad, y es práctica en la medida en que, siendo el horizonte de la práctica social, es el motor de una transformación práctica, una transformación a efectuar en la sociedad real o instituida, esperando la trans(a)parencia entre sociedad ideal y sociedad real, entre sociedad instituyente y sociedad instituida. Esta transcendencia se instituye, propiamente hablando, en la época moderna, sobre las ruinas del imaginario religioso, en vías de desmoronamiento desde el Renacimiento y la Reforma.
  •  Y, finalmente, lo que definiremos provisionalmente como la inmanencia, es decir: lo ente del orden empírico o el orden social existente.

 

En cuanto a la Revolución, al menos en su idea, es el movimiento socio-histórico mediante el cual se instituye explícitamente la transcendencia práctica, es decir, la mención de transformación activa y práctica del orden social existente para hacerlo trans(a)parente a la sociedad ideal, de la sociedad instituida para hacerla trans(a)parente a la sociedad instituyente, a saber: tendiendo la mención, una vez más, a realizar la transcendencia práctica -lo que Marx concebía como la realización de la filosofía sobre la tierra. Semejante mención sólo puede tomar consistencia con el hundimiento de la transcendencia positiva socializada por la religión: así, la sociedad ya no se relacionará más con su Otro como si fuera un orden radicalmente trascendente, sino con su Otro como si fuera ella misma mentada en la idealidad. Dicho de otro modo, en un primer tiempo, la propia sociedad se encuentra erigida en transcendencia teórica y, en un segundo tiempo, esta transcendencia teórica muta en transcendencia práctica convirtiéndose en el horizonte socio-histórico de la sociedad misma.

Pero lo que es absolutamente crucial es que, en este movimiento, hay un cortocircuito de la trascendencia teórica, es decir que el segundo tiempo no permite volver al primero y volver a pasar  de éste al segundo: en la medida misma en que la Revolución se concibe como búsqueda y/o encarnación de la transparencia, en lo sucesivo, solamente la transcendencia práctica se encontrará relacionada con la inmanencia en cortocircuito con toda transcendencia teórica, encontrándose la sociedad como instancia última (horizonte) relacionada consigo misma de modo tal que se exhibiría a sí misma a partir de sí misma (a lo cual responde el discurso social de la ideología, tal y como la define Claude Lefort); la sociedad se convierte, así, en el todo del ser, el mundo mismo, y en este sentido es cómo hay que comprender la famosa undécima tesis de Marx sobre Feuerbach (donde el mundo = sociedad).

Vamos a esforzarnos en demostrar por qué esta identificación proyectiva de la sociedad  consigo misma, esta proyección del todo del ser sobre la sociedad, es la raíz instituyente del totalitarismo.

Para esbozar lo que es la Revolución en su “realidad” consideraremos los dos grandes movimientos revolucionarios de nuestro tiempo, que han conducido a la institución de una sociedad y un Estado en relativa ruptura a lo que les precedía históricamente: la Revolución “burguesa”,  cuya expresión tipo nos la proporciona la Revolución francesa, y la Revolución “socialista”, en  cualquier parte donde haya “triunfado”.

 

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