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Written by admin diciembre 9th, 2012

Brumaria Works#4 Brumaria Works#4 The Borromean Knot (Jacques Lacan, Seminar R.S.I.). Brumaria Works#4, 2010 (23 x 32 cm., impresión digital sobre papel de acuarela / digital print on paper) Edition: […]

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Brumaria Works#4

Brumaria Works#4

The Borromean Knot (Jacques Lacan, Seminar R.S.I.). Brumaria Works#4, 2010 (23 x 32 cm., impresión digital sobre papel de acuarela / digital print on paper)

Edition: 50, signed and numbered (price request)

 

 

Brumaria Works#3

Brumaria Works#3

Brumaria Works#3 es un proyecto expositivo y editorial desarrollado para la Sala 1 del MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, España, 29/01/11-05/06/11). El trabajo gira alrededor de la idea de vacio en el pensamiento de Jacques Lacan. Con motivo de la exposición Brumaria editó dos volúmenes del seminario RSI de Lacan (blanco y negro, parcialmente ilegibles) y coordinó un seminario sobre arte y psicoanálisis.

Proyecto
El arte, el vacio y la, ni siquiera, nada
Bibliografía lacaniana

 

 

 

Brumaria Works#2

Brumaria Works#2

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El vídeo Brumaria Works#2 fue presentado en el marco del seminario Que faire? Art, film, politique (diciembre 2010) en el Centro Georges Pompidou (París) acompañado de la siguiente conferencia: Español / Français.

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Brumaria Works#2 was presented in the seminar Que faire? Art, film, politique (december 2010) at Centre Georges Pompidou (Paris), preceded of this conference: Spanish / French.

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Brumaria Works#2 from Brumaria on Vimeo.

 

Brumaria Works#1

Brumaria Works#1

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Sólo la violencia puede cambiar este mundo asesino

Bertold Brecht

 Expanded Violences descansa sus reflexiones sobre una triangulación entre la violencia como representación administrada estratégicamente por el poder, la gestión que de ella hacen los medios de comunicación de masas y la función del arte como vértice crítico de esta múltiple dialéctica. Si resulta obvia la dependencia mutua entre poder político y económico y la gestión de las estrategias mediáticas en la comunicación de masas, no es tan claro el papel del arte en ese contexto.

Entre el benjaminiano concepto de “reproductibilidad” y la estructura de distribución y alcance masivo de las imágenes y la información podemos identificar una mutación de época que afecta a la recepción y legitimación de los procesos de toma de decisiones de lo colectivo, esto es, a la ejecución del poder a través de los medios. La gestión del poder, como control de una atmósfera disuasoria y del estado de opinión, es un fenómeno estrictamente contemporáneo cuya fragua histórica podríamos rastrear en el trasvase natural de las estrategias de difusión a través de una secuencia que va desde el aparato propagandístico soviético y su apropiación por los fascismos, hasta su estadio avanzado en la estructura mediática del capital. Esta situación, que fue detectada ya a principios del siglo pasado por los teóricos productivistas rusos en torno al concepto de “factografía” y por el propio Benjamin, hoy constituye la naturaleza misma de la experiencia subjetiva y de su organización sociológica en conceptos como los de “masa” o “multitud”. Si Boris Groys ha hablado de la sospecha submediática es sin duda en el contexto de una fenomenología de los medios que determina la acción política y cultural. No es azaroso que el papel del arte haya sido reivindicado en esta situación si pensamos que toda la comunicación de masas se construye sobre un formulario estético que contiene, como es obvio, un programa ideológico. La problemática analizada tradicionalmente por los teóricos marxistas sobre la función del arte en la cultura de masas queda aquí radicalmente integrada en la misión irresuelta de interpretar políticamente los flujos de información. No sería función del arte difundir información documental sino tratar de reconfigurar modos de recepción crítica, que puedan dar opción a un espectador consciente, más allá del receptor silencioso de representaciones solemnes. En todo caso el arte, según Badiou, “es infinitamente más crítico que lo que la mejor crítica puede suponer”. Si lo real se opone a la realidad, sólo lo real —sólo imposible, como el pensamiento— es lo propio del arte. En ese sentido el arte es contra lo que está.

En las dos últimas décadas, la exposición —ese gran campo unívoco de experiencia estética— ha perdido su rol hegemónico de lugar único de representación para compartir espacio reflexivo con otros formatos a la hora de conformar el discurso artístico. De algún modo, los artistas tratan de asumir el papel de agitadores y publicistas de lo nuevo que las viejas vanguardias les cedieron en herencia. Fruto de ello es un deambular, entre el desnorte y la deriva, sobre las turbias aguas del arte, en pos de la construcción de rudimentos teóricos capaces de iluminar territorios formales profundamente desgastados, en las que Brumaria intenta nadar. Una de nuestras preocupaciones ha sido y es indagar en los fundamentos filosóficos, sociales, económicos, estéticos y políticos de la violencia a la hora de conformar y confirmar el ejercicio de poder de grupos, cada día más difusos y concentrados, sobre el interés común. Anteriores proyectos y entregas como Tipo /topologías agónicas, Arte y terrorismo, Iconoclastia / Iconolatría tienen su continuidad en el presente Expanded Violences.

Podemos decir que nuestro presente está caracterizado por pertenecer a lo que Guy Debord denominó “la sociedad del espectáculo”, pues no podemos negar el enorme protagonismo que la experiencia mediática y mediada tiene sobre la construcción de nuestra realidad y nuestra relación con la misma. Reactualizadas hoy las visionarias prédicas situacionistas, nos situamos al lado de Paul Virilio cuando afirma que “dado el estado de quiebra de una sociedad de consumo destinada a desaparecer sin demora, era urgente volver a equilibrar el par información/publicidad que se había vuelto anacrónico: gracias al impacto del “en vivo”, el terrorismo internacional proporciona a la información una gran cantidad de imágenes chocantes capaces de mediatizar a las multitudes con pocos gastos[…]”.

Es por ello que Expanded Violences busca yuxtaponer los resultados de un intercambio y cruce de ideas en torno al espacio mediático, en la actualidad ocupado por una variedad infinita de imágenes e informaciones, cuya única unidad se construye a través de los filtros represivos del sistema/mundo liberal. Dichas imágenes e informaciones, tipológicamente variadas y de escasísima duración temporal, conforman un gran almacén visual y memorístico, susceptible de ser articulado cual conjunto de sedimentos en base a principios antitéticos de orden y caos. Dichos principios representan en sí mismos las profundas y sistémicas contradicciones del capitalismo posindustrial en aquello desde lo cual se construye y ejerce el poder: el estado de guerra y excepción permanente al cual ha dedicado sus indagaciones, entre otros, Giorgio Agamben.

Este no es el tiempo del Estado como construcción jurídica y política que monopoliza el ejercicio de la violencia: ésta se piensa, se proyecta y se ejercita desde el espacio —etéreo y monopolista— del capital supranacional. El Estado-guerra permanente se impone imponiendo su realidad misma. En él toda violencia es conservadora, autolegitimadora, fundadora y realizativa, reiterada y simultáneamente a su propia conservación que deviene fundación y se hace divina. Aquí ya no se distingue la violencia divina que destruye el derecho y la violencia mítica que funda o construye el derecho. La violencia conservadora ya proviene del derecho (ni, de algún modo, lo amenaza), sino que esa violencia fundadora se proyecta y ejercita desde el capital supranacional fundando y monopolizando su derecho divino.

Existe el problema de que si, tal y como nos advierte repetidamente Alain Badiou, con la palabra “terrorismo” se nombra todo aquello que no se puede nombrar como tal, la más genérica y extensa palabra “violencia” arrastra una gran carga ideológica que la hace inservible, semánticamente, a la hora de nombrar acciones y situaciones de agresión. En palabras de Gustavo Bueno: “A los agresores etarras que preparan coches bomba o se disponen a disparar un tiro en la nuca de un ciudadano, se les llama ‘violentos’, a veces esta denominación está orientada a suavizar la de ‘asesinos’”. Existen tres tipos fundamentales de violencia, nos dice Slavoj Zizek. Por un lado está la que él denomina “violencia subjetiva” que es aquella directamente visible, ejercida por un agente claramente identificable; y por otro se encuentran dos tipos de “violencia objetiva”: la violencia “simbólica”, encarnada en el lenguaje y sus formas, y la violencia “sistémica”, constituida por las consecuencias catastróficas del correcto funcionamiento de nuestros sistemas económicos y políticos. Cuando percibimos la violencia subjetiva, lo hacemos como disrupción de una “normalidad”. La violencia sistémica es, desde este punto de vista, imperceptible, pues resulta inherente a esa “estado normal de las cosas”. Las imágenes de los medios de comunicación, obviamente, son claros ejemplos de momentos de violencia subjetiva, pero no podemos olvidar que la experiencia de la realidad que dichos medios de comunicación nos transmiten está cargada de ideología y de esa violencia sistémica invisible. Este último tipo de violencia es sobre la cual reflexiona Expanded Violences, y ante la cual la experiencia estética sirve como contrapunto analítico. Sobre esas violencias extremas y guerras / estado de excepción permanente (violencia de clase, de género, geoestratégica, política, del capital, mediática, de hambre y desorganización del territorio…), sobre su saturación en la era de la digitalización, trata Expanded Violences.

*Brumaria la conforman en esta ocasión: Alejandro Arozamena, Darío Corbeira, Christophe Marsat, Irene Montero, Víctor del Río y Daniel Patrick Rodríguez.

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Only violence can change this killer world

Bertolt Brecht

 Expanded Violences focuses its attention on a triangulation between violence as representation strategically administered by power, the use the mass media make of it and the function of art form a critical vertex of this multiple dialectic. If it seems obvious that there exists interdependence between political and economic power and the strategic operations used in mass media, the role of art is not so clear in this context.

Between the Benjaminian concept of “reproducibility” and the structure of distribution and far-reaching influence of images and information we can identify a temporal mutation that affects the reception and legitimization of the processes involved in the making of collective decisions, that is, the execution of power through the media. The administration of power, as a means of controlling a dissuasive atmosphere as well as the state of opinion, is a strictly contemporary phenomenon whose historical development can be found in the natural diversion of distributive strategies through a sequence that includes the propagandistic Soviet apparatus and its appropriation by the fascists, as well as its advanced phase in the media-structure of capital. This situation, which had been discovered by the beginning of the previous century by productivist Russian theoreticians in connection with the concept of factography and by Benjamin himself, today constitutes the subjective experience of nature as well as its sociological organization in concepts such as “mass” or “multitude.” If Boris Groys has spoken of the “sub-media” suspicion, it is doubtless in the context of a phenomenology of the media that it determines political and cultural action. It is safe to say that the role of art has proved its worth in this situation if we think that all mass media are constructed over an aesthetic formula that contains, as is obvious, an ideological agenda. The problems traditionally analyzed by Marxist theoreticians on the use of art in mass culture remains here radically integrated with the unsettled task of politically interpreting flows of information. The function of art would not be to spread documentary information but rather to try and reconfigure means of critical reception, which may provide the conscious viewer with an alternative beyond that of a silent receiver of solemn representations. In any case, art is, according to Badiou “infinitely more critical than what the best critic can ever hope to be.” If the real opposes itself to reality, only the real—only impossible, like thought—is the same as art. In this sense art is against what is there.

 Throughout the last two decades, the exhibition—that great univocal field of aesthetic experience—has lost its hegemonic role as the only place of representation for sharing reflexive space with other formats when it comes to shaping artistic discourse. In some way, artists try to take on the role of agitators and publicists of the new that the old vanguardists bequeathed to them. A result of this is a kind of wandering through the murky waters of art, searching for the construction of theoretical rudiments capable of illuminating deeply eroded formal territories—waters in which Brumaria tries to swim. One of our concerns has been and is to investigate the philosophical, social, economic, aesthetic, and political rudiments of violence when it comes to shaping and confirming the exertion of group power—each day more diffused and concentrated—over common interests. Previous projects such as Dying Typo/topologies, Art and Terrorism, Iconoclasm/Iconolatry have their continuity in the present Expanded Violences.

We can say that our present times are characterized as pertaining to what Guy Debord called “the society of spectacle,” as it is hard to deny the enormous prominence that experiencing the media has on the construction of our reality and our relationship with that reality. The visionary situationist discourses today resurrected, we find ourselves with Paul Virilio when he affirms that “given the ruptured state of a society of consumption destined to soon disappear, it was urgent to once again find balance in the duo of information/advertising that had become anachronistic: thanks to the impact of “live” programming, international terrorism supplies information with a great quantity of shocking images capable of influencing the multitudes with little costs.”

For this reason, Expanded Violences seeks to juxtapose the results of an exchange of ideas around the space of the media, currently occupied by an infinite variety of images and information, whose unique identity is constructed through repressive filters of the liberal system/world. Such images and information—typologically varied and of scarce temporal duration—shape a great visual archive, susceptible to being articulated as a totality of strata on the basis of the antithetical beginnings of order and chaos. Said principles represent in themselves the profound and systematic contradictions of postindustrial capitalism from which power is constructed and exerted: the state of war and permanent exception to which Giorgio Agamben, among others, has dedicated his investigations.

Our current time is not that of the State as a juridical and political construction that monopolizes the exertion of violence: violence is thought, projected, and exerted from the ethereal and monopolistic space of supranational capital. The permanent war-state is imposed, imposing its very reality. In it all violence is conservative, auto-legitimizing, foundational, performative, reiterated, and at once oriented towards its own conservation that turns into foundation and becomes divine.  Here there is no distinguishing between divine violence that destroys the law and mythical violence that founds or constructs law. Conservative violence no longer stems from law (nor does it, by any stretch of the imagination, threaten it), but rather such founding violence is projected and exerted from supranational capital founding and monopolizing its divine law.

The problem exists that if, as Alain Badiou repeatedly warns us, by the word “terrorism” we name everything that cannot be named as such, the most generic and extensive word “violence” drags along with it a great ideological burden that makes it semantically useless when it comes to labeling actions and situations of aggression. In the words of Gustavo Bueno: “The aggressors of ETA who make car bombs or fire a shot in a citizen’s neck, they are called ‘violent,’ sometimes this is aimed at softening the word ‘murderers.’”

There exist three fundamental types of violence, Slavoj Zizek tells us. On one hand there is that which he calls “subjective violence” that is the directly visible, exerted by a clearly identifiable agent; on the other hand there are two types of “objective violence”: “symbolic” violence, manifested in language and its forms, and “systematic” violence, constituted by the “catastrophic consequences of the smooth functioning of our economic and political systems.” When we perceive subjective violence, we do so as a disruption of normalcy. Systematic violence is, from this point of view, imperceptible, since it ends up being inherent to that “normal state of things.” Images from the media are obviously clear examples of moments involving subjective violence, but we cannot forget that the experience of reality that such media transmit to us is loaded with ideology and with that invisible systematic violence. It is this last type of violence on which Expanded Violences reflects, and before which aesthetic experience serves as an analytical counterpoint.

On these extreme violences and wars/states of permanent exception (violence of class, gender, politics, capital, media, hunger, and disorganization of territory…), on their saturation in the era of digitalization, this is what Expanded Violences investigates.

*Brumaria is, in this occasion, formed by: Alejandro Arozamena, Darío Corbeira, Christophe Marsat, Irene Montero, Víctor del Río, and Daniel Patrick Rodríguez

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[lang_es]Brumaria Works 1. Expanded Violences responde a una invitación de Chamber of Public Secrets (Khaled Ramadan y Alfredo Cramenotti) para participar en el programa expositivo de Manifesta 8 (Antigua Cárcel de San Antón, Cartagena, Murcia, 9/10/10-9/01/11). Acompañando al proyecto Brumaira editó un volumen que recogía textos de autores que han reflexionado sobre la violencia desde la antigüedad hasta hoy [/lang_es][lang_en] Brumaria Works 1. Expanded Violences was the project by Brumaria for Manifesta 8 (Old Jail of St. Anton, Cartagena, Murcia, 09/10/10 to 09/01/11), invited by Chamber of Public Secrets (Khaled Ramadan and Alfredo Cramenotti) to participate in the official program.[/lang_en]
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