#PROJECTS

Brumaria Works#4

The Borromean Knot (Jacques Lacan, Seminar R.S.I.). Brumaria Works#4, 2010 (23 x 32 cm., impresión digital sobre papel de acuarela / digital print on paper)

Edition: 50, signed and numbered (price request)

 

Brumaria Works#3

Brumaria Works#3 es un proyecto expositivo y editorial desarrollado para la Sala 1 del MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, España, 29/01/11-05/06/11). El trabajo gira alrededor de la idea de vacio en el pensamiento de Jacques Lacan. Con motivo de la exposición Brumaria editó dos volúmenes del seminario RSI de Lacan (blanco y negro, parcialmente ilegibles) y coordinó un seminario sobre arte y psicoanálisis.

Proyecto
El arte, el vacio y la, ni siquiera, nada
Bibliografía lacaniana

 

 

 

Brumaria Works#2

El vídeo Brumaria Works#2 fue presentado en el marco del seminario Que faire? Art, film, politique (diciembre 2010) en el Centro Georges Pompidou (París) acompañado de la siguiente conferencia: Español / Français.

 

Brumaria Works#2 from Brumaria on Vimeo.

 

 

Brumaria Works#1

Sólo la violencia puede cambiar este mundo asesino

Bertold Brecht

 Expanded Violences descansa sus reflexiones sobre una triangulación entre la violencia como representación administrada estratégicamente por el poder, la gestión que de ella hacen los medios de comunicación de masas y la función del arte como vértice crítico de esta múltiple dialéctica. Si resulta obvia la dependencia mutua entre poder político y económico y la gestión de las estrategias mediáticas en la comunicación de masas, no es tan claro el papel del arte en ese contexto.

Entre el benjaminiano concepto de “reproductibilidad” y la estructura de distribución y alcance masivo de las imágenes y la información podemos identificar una mutación de época que afecta a la recepción y legitimación de los procesos de toma de decisiones de lo colectivo, esto es, a la ejecución del poder a través de los medios. La gestión del poder, como control de una atmósfera disuasoria y del estado de opinión, es un fenómeno estrictamente contemporáneo cuya fragua histórica podríamos rastrear en el trasvase natural de las estrategias de difusión a través de una secuencia que va desde el aparato propagandístico soviético y su apropiación por los fascismos, hasta su estadio avanzado en la estructura mediática del capital. Esta situación, que fue detectada ya a principios del siglo pasado por los teóricos productivistas rusos en torno al concepto de “factografía” y por el propio Benjamin, hoy constituye la naturaleza misma de la experiencia subjetiva y de su organización sociológica en conceptos como los de “masa” o “multitud”. Si Boris Groys ha hablado de la sospecha submediática es sin duda en el contexto de una fenomenología de los medios que determina la acción política y cultural. No es azaroso que el papel del arte haya sido reivindicado en esta situación si pensamos que toda la comunicación de masas se construye sobre un formulario estético que contiene, como es obvio, un programa ideológico. La problemática analizada tradicionalmente por los teóricos marxistas sobre la función del arte en la cultura de masas queda aquí radicalmente integrada en la misión irresuelta de interpretar políticamente los flujos de información. No sería función del arte difundir información documental sino tratar de reconfigurar modos de recepción crítica, que puedan dar opción a un espectador consciente, más allá del receptor silencioso de representaciones solemnes. En todo caso el arte, según Badiou, “es infinitamente más crítico que lo que la mejor crítica puede suponer”. Si lo real se opone a la realidad, sólo lo real —sólo imposible, como el pensamiento— es lo propio del arte. En ese sentido el arte es contra lo que está.

En las dos últimas décadas, la exposición —ese gran campo unívoco de experiencia estética— ha perdido su rol hegemónico de lugar único de representación para compartir espacio reflexivo con otros formatos a la hora de conformar el discurso artístico. De algún modo, los artistas tratan de asumir el papel de agitadores y publicistas de lo nuevo que las viejas vanguardias les cedieron en herencia. Fruto de ello es un deambular, entre el desnorte y la deriva, sobre las turbias aguas del arte, en pos de la construcción de rudimentos teóricos capaces de iluminar territorios formales profundamente desgastados, en las que Brumaria intenta nadar. Una de nuestras preocupaciones ha sido y es indagar en los fundamentos filosóficos, sociales, económicos, estéticos y políticos de la violencia a la hora de conformar y confirmar el ejercicio de poder de grupos, cada día más difusos y concentrados, sobre el interés común. Anteriores proyectos y entregas como Tipo /topologías agónicas, Arte y terrorismo, Iconoclastia / Iconolatría tienen su continuidad en el presente Expanded Violences.

Podemos decir que nuestro presente está caracterizado por pertenecer a lo que Guy Debord denominó “la sociedad del espectáculo”, pues no podemos negar el enorme protagonismo que la experiencia mediática y mediada tiene sobre la construcción de nuestra realidad y nuestra relación con la misma. Reactualizadas hoy las visionarias prédicas situacionistas, nos situamos al lado de Paul Virilio cuando afirma que “dado el estado de quiebra de una sociedad de consumo destinada a desaparecer sin demora, era urgente volver a equilibrar el par información/publicidad que se había vuelto anacrónico: gracias al impacto del “en vivo”, el terrorismo internacional proporciona a la información una gran cantidad de imágenes chocantes capaces de mediatizar a las multitudes con pocos gastos[…]”.

Es por ello que Expanded Violences busca yuxtaponer los resultados de un intercambio y cruce de ideas en torno al espacio mediático, en la actualidad ocupado por una variedad infinita de imágenes e informaciones, cuya única unidad se construye a través de los filtros represivos del sistema/mundo liberal. Dichas imágenes e informaciones, tipológicamente variadas y de escasísima duración temporal, conforman un gran almacén visual y memorístico, susceptible de ser articulado cual conjunto de sedimentos en base a principios antitéticos de orden y caos. Dichos principios representan en sí mismos las profundas y sistémicas contradicciones del capitalismo posindustrial en aquello desde lo cual se construye y ejerce el poder: el estado de guerra y excepción permanente al cual ha dedicado sus indagaciones, entre otros, Giorgio Agamben.

Este no es el tiempo del Estado como construcción jurídica y política que monopoliza el ejercicio de la violencia: ésta se piensa, se proyecta y se ejercita desde el espacio —etéreo y monopolista— del capital supranacional. El Estado-guerra permanente se impone imponiendo su realidad misma. En él toda violencia es conservadora, autolegitimadora, fundadora y realizativa, reiterada y simultáneamente a su propia conservación que deviene fundación y se hace divina. Aquí ya no se distingue la violencia divina que destruye el derecho y la violencia mítica que funda o construye el derecho. La violencia conservadora ya proviene del derecho (ni, de algún modo, lo amenaza), sino que esa violencia fundadora se proyecta y ejercita desde el capital supranacional fundando y monopolizando su derecho divino.

Existe el problema de que si, tal y como nos advierte repetidamente Alain Badiou, con la palabra “terrorismo” se nombra todo aquello que no se puede nombrar como tal, la más genérica y extensa palabra “violencia” arrastra una gran carga ideológica que la hace inservible, semánticamente, a la hora de nombrar acciones y situaciones de agresión. En palabras de Gustavo Bueno: “A los agresores etarras que preparan coches bomba o se disponen a disparar un tiro en la nuca de un ciudadano, se les llama ‘violentos’, a veces esta denominación está orientada a suavizar la de ‘asesinos’”. Existen tres tipos fundamentales de violencia, nos dice Slavoj Zizek. Por un lado está la que él denomina “violencia subjetiva” que es aquella directamente visible, ejercida por un agente claramente identificable; y por otro se encuentran dos tipos de “violencia objetiva”: la violencia “simbólica”, encarnada en el lenguaje y sus formas, y la violencia “sistémica”, constituida por las consecuencias catastróficas del correcto funcionamiento de nuestros sistemas económicos y políticos. Cuando percibimos la violencia subjetiva, lo hacemos como disrupción de una “normalidad”. La violencia sistémica es, desde este punto de vista, imperceptible, pues resulta inherente a esa “estado normal de las cosas”. Las imágenes de los medios de comunicación, obviamente, son claros ejemplos de momentos de violencia subjetiva, pero no podemos olvidar que la experiencia de la realidad que dichos medios de comunicación nos transmiten está cargada de ideología y de esa violencia sistémica invisible. Este último tipo de violencia es sobre la cual reflexiona Expanded Violences, y ante la cual la experiencia estética sirve como contrapunto analítico. Sobre esas violencias extremas y guerras / estado de excepción permanente (violencia de clase, de género, geoestratégica, política, del capital, mediática, de hambre y desorganización del territorio…), sobre su saturación en la era de la digitalización, trata Expanded Violences.

*Brumaria la conforman en esta ocasión: Alejandro Arozamena, Darío Corbeira, Christophe Marsat, Irene Montero, Víctor del Río y Daniel Patrick Rodríguez.

 

 

 

 

Brumaria Works 1. Expanded Violences responde a una invitación de Chamber of Public Secrets (Khaled Ramadan y Alfredo Cramenotti) para participar en el programa expositivo de Manifesta 8 (Antigua Cárcel de San Antón, Cartagena, Murcia, 9/10/10-9/01/11). Acompañando al proyecto Brumaira editó un volumen que recogía textos de autores que han reflexionado sobre la violencia desde la antigüedad hasta hoy

 

 

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